A principios de siglo XX, en 1903, Joaquín González Barcia hereda el oficio de su padre y crea un taller de carpintería en la calle Libertad del municipio de Lantejuela, experimentado el negocio un gran crecimiento y llegando a contar en sus filas con 40 trabajadores. Su principal actividad consiste en la fabricación de carretas y coches de caballos; este producto tiene una gran demanda en todos los municipios de la comarca.

Es uno de sus siete hijos, Agustín González Cadenas, el que sigue con la tradición de su padre, y se dedica a la fabricación de todo tipo de piezas y productos de maderas para cubrir las necesidades de los vecinos del municipio. Debido a la demanda del mercado, el negocio evoluciona de fabricar carretas a puertas, ventanas e incluso ataúdes. En 1982 nace Andaluza de Maderas S.L., una empresa que no sólo se dedica a la madera sino a la herrería, y que sigue con la fabricación de puertas y ventanas así como rejas y productos de hierros. En este tiempo se incorporan al negocio los hijos de Agustín, Ceferino y Sebastían, que adquieren los conocimientos del oficio.
La empresa comienza su vertiginoso crecimiento de la mano de un aumento de la actividad en todos los ámbitos de la sociedad. De esta forma comienza a trabajar no sólo en el ámbito rural sino a nivel provincial y en toda Andalucía, de la mano de grandes empresas constructoras que depositan su confianza en Andaluza de Laminados a la vez que obtienen respuesta en forma de un buen trabajo.
En 1995 se traslada el taller a una zona industrial en la carretera Osuna-Lantejuela (donde actualmente estamos ubicados) con una parcela de trabajo de unos 3.000 m2.
A lo largo de estos años su evolución ha sido muy positiva, viniendo marcada por la adopción de una clara estrategia de crecimiento y reinversión.
Paulatinamente, la empresa ha ido adaptando su apartado productivo a los continuos avances tecnológicos además de ampliar sus instalaciones, motivado fundamentalmente por un relanzamiento de la demanda.
Ello le ha posibilitado obtener importantes tasas de productividad, permitiendo un volumen de producción considerable y acompañado además de una ostensible mejora en la calidad de sus fabricados así como una optimización de los costes de explotación.
Otra de las armas fundamentales, que podrían explicar su éxito productivo y comercial, radica en que ha sabido conectar con el mercado y ajustar su oferta a las necesidades que éste manifiesta. En este sentido, ha conseguido segmentar el mismo y elegir aquellos nichos a los cuales dirigir de forma especializada su oferta.


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